JULI Y EL DULCE

JULI Y EL DULCE

Para un chihuahua, resulta un “manjar” casi todo lo que tu comes. Efectivamente, salvo raras excepciones, si es bueno para ti, es buenos para ellos. Al menos, eso piensa cualquier “cuatro patas” que se precie. Y no sólo piensan que es bueno para ellos, sino que es de ellos, y debes dárselo. Y aquí es donde empiezan los problemas con el veterinario, y con la báscula claro. Pero esperen, si piensan que esto es malo, aún puede ser peor, porque yo tengo una “enana” a la que por supuesto, también le gusta el dulce… No sólo el dulce, sino hasta el “culillo” del cortado que se queda en la taza, una vez que papá lo bebió. Y la “niña” es persuasiva e insistente. O sucumbes a la presión, o te tienes que llevar la taza a la cocina.

El problema con el “dulce” es que a un perro no le conviene, y menos cuando es una chihuahua que no llega a tres kilos, y aún así, está un pelín gordita, no mucho, tampoco exageremos. Y no le conviene porque está “señorita” además tiene picores. Tiene alergias, y se chupa las “manitas” hasta que se hace pequeñas llaguitas. Pues nada, tienes que darle su media pastillita, pero además, estar siempre pendiente de que no coma dulces, y nada que se escape de lo normal. Y lo normal es, básicamente el pienso. Y además, un pienso especial para perritas sensibles.

Yo recuerdo que cuando era un niño, y mis abuelos tenían un pequeño colmado, había un chatarrero en el barrio, que aún usaba carro y un burro. Pues, ¿quieren creer ustedes que el burro se aficionó a comer caramelos? Tan cierto como que estoy aquí escribiendo para ustedes. Es más, se paraba delante de colmado, y no movía sus patas hasta que no le daban su caramelo.

Otros animales, como el oso, comen gran variedad de alimentos, aunque la base de su alimentación son los vegetales. Buscan una ración de alimento animal en forma de larvas e insectos, pero en sus ataques a colmenares devoran sobre todo y con enorme placer grandes cantidades de miel.

Volviendo a la perrita, no es que le guste toda clase de dulces, pero sí los suficientes como para preocuparnos. Le gusta la nata, y algunos postres como el flan, pero sobre todo el “culillo” del cortado de papá como decía recién. ¿La mejor solución? Sin duda es, sacrificarte tú, porque si no te ve comiendo flanes ni nada parecido, ella no se acordará lógicamente…

Miguel Ángel Alfaro, papá de una chihuahua

 

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