Voces en el acuario (cuento por tienda online para mascotas centralmascota.es)

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goldfish sucks a rocks in the aquarium

Pecera. Ese es el nombre de la nueva adquisición de los amos. También la denominan como acuario. Y vaya que es un lugar bastante exótico y divertido. Es una especie de jaula de vidrio, pero que cuenta con una abertura en la parte superior.
La pecera tiene algo que me intriga, pero al mismo tiempo me da miedo: está rellena de agua. Mis amos compraron dicha jaula de agua en la tienda de animales a un precio que de acuerdo a sus propias palabras “estaba al 50% de descuento, no podíamos desaprovechar semejante oportunidad”.
Desde mi jaula hámster, tengo una vista perfecta de dicha pecera. Es un lugar muy bonito porque tiene plantas de acuario, rocas decorativas y flores artificiales, entre otros detalles que le otorgan un gran lujo. Pero quizá lo más interesante es que allí conviven varios animales.
—Como se ven de apetitosos los nuevos miembros de la casa—dijo Tabata.
—Callate, Tabata—le respondió Max, el perro de la casa—. Este no es el menú que comería una gata como tú. Tú que te consideras una felina demasiado exquisita.
—Por lo menos servirán de adorno—contestó Tabata.
—Ya silencio—les dije—, por favor quita tu cabezota Tabata, que me divierte contemplar esa tortuga nadando.
Max, el perro de la casa, giró su cabeza hacía a mi sonriendo. Yo seguí corriendo a toda velocidad en ese momento sobre mi rueda hámster, sin perder de vista al movimiento de la tortuga. A partir de ese momento, yo desconocía que yo, Topman, el héroe de esta ciudad (digo, de la casa), me convertiría en el espectador # 1 de esa jaula de agua.
El acuario comenzó a convertirse en algo fascinante. Era hermoso ver al conjunto de peces nadar de un lado para otro. A veces se detenían, interrumpiendo su viaje para quedarse a pensar durante unos segundos. Me daba la sensación de que se acababan de olvidar hacia donde se dirigían.

 

 

La tortuga en cambio era mucho más inteligente y se movía de un lado para otro con una experiencia y vitalidad artística. Yo me alegra mucho de contemplar a una mascota con semejante talento. Muy pronto entendió que se había ganado de admiración. Una tarde, un mes después de haber llegado, ocurrió algo que cambió para siempre la vida de aquel animal y la mía.
—Saludos, Topman, héroe de la casa.
Ese mensaje inesperado que logró filtrarse hasta lo profundo de mi mente, me obligó a detener mi carrera en mi rueda hámster. Cuando quise localizar el origen del mensaje, mis ojos se fijaron en la tortuga, saludándome con una de sus manos, justo detrás del vidrio del acuario.
—¿Me estás hablando a mi? ¿A través de mi mente?—pregunté.
—Cállate, puedes responderme con tu mente, ¿acaso quieres llamar la atención de Tabata y Max?
—¿Mi mente?
Y ese fue el inicio de una nueva y gran amistad. La tortuga se presentó con el nombre de Rey. Decía provenir desde el continente africano y haber viajado a lo largo de miles de kilómetros antes de ir a dar a una playa, donde un médico veterinario decidió recogerla para llevar a su tienda de animales.
Nuestra amistad y admiración mutua fue creciendo a medida que nos entrenábamos: ella en el acuario y yo en la rueda hámster. Pero lo más fantástico de esta amistad es que ambos vinimos a representar un duo fantástico para combatir contra los crímenes y males de esta ciudad, digo, de esta casa.
A partir de entonces, Rey se convirtió en mi aliado principal, estando a cargo del Centro de Mando Topman-Rey. Un sitio optimizado con la sabiduría de aquella tortuga para percibir a los villanos y erradicar al poder de las sombras.

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